Provocó la sonrisa forzada ante una situación incómoda, intentando evitar a toda costa la mirada afilada que se le clavaba entre las cejas a esperas de un contacto directo con los ojos. En un descuido, el contacto visual fue un hecho, un instante, un segundo, el mundo se detuvo, provocando un intercambio de impresiones entre el estómago y el riego sanguíneo que lo costó un gemido mal disimulado.
¿Cómo conseguir respirar si le pertenecen hasta sus pulmones?